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Mis temblores por México

Publicado: 15 Septiembre, 2016 a las 7:52 PM   /   por   /   comentarios (1)

Por Manuel Pérez-Petit

VERBIGRACIA

 

mexico5Tal día como mañana, día 16 de septiembre, pero de 1810, en la parroquia del pequeño pueblo de Dolores (Guanajuato), el cura Miguel Hidalgo, gritó por México. Fue el comienzo de una guerra de independencia que duró 11 años y que concluyó con el acta de independencia del 28 de septiembre de 1821. En los más de dos siglos que han pasado desde entonces, México ha perdido la mitad de su territorio, pero ha ganado, y avatares no faltaron nunca, una identidad propia y completa de la que no gozan otras naciones latinoamericanas. Hoy México es un país fabuloso y rico que no ha llegado aún a donde debería estar en función de su potencialidad en el marco del concierto internacional de las naciones. Fue a partir de la conocida como Revolución mexicana que se configuró el país actual. Y tras Costa Rica es la nación latinoamericana de más antigua tradición de paz y estabilidad política. En fin, todo esto es lo menos. Historiografía hay en abundancia, y no seré yo quien la revise…

 

Mi fascinación por México proviene de muy antiguo. En mi casa siempre hubo muchos objetos mexicanos y mucho amor por esta tierra, no en vano mis padres mantenían una estrecha amistad con una familia hispano-mexicana residente en el D.F., y uno de los sueños confesados de mi madre era llegar a visitar México alguna vez… Cuando Rafael y Teresita venían, casi cada año, a visitarnos a Sevilla, siempre me traían algún regalo de acá, y mi imaginación les correspondía, aun cuando ellos no lo sabían, con historias que yo inventaba sobre esta tierra para mí ya por entonces mítica… Con los años, y tras numerosas invitaciones, pisé tierra mexicana por primera vez en junio de 1991. Mi intención era viajar por el país durante tres meses, pero Rafael y Teresita se las arreglaron para que yo me quedara en el Distrito Federal y por el centro del país la mayor parte de mi estancia. Aquí viví el eclipse solar del 11 de julio de ese mismo año, en la explanada en la que con anterioridad había estado ubicado el hotel Regis… Estaba por entonces en el recuerdo de todos muy reciente el sismo de septiembre de 1985… Si yo resumiera mi vida en una palabra ésta sería “temblores”. Temblores de amor, de tristeza, de fe. El afecto es un temblor, como la solidaridad, el deseo o el poema. El 26 de enero de 2010 salí de Madrid, iniciando así un temblor que marca este nuevo ciclo de mi vida en que estoy inmerso en tierras mexicanas. Sin embargo, mi mayor temblor, y el más prolongado, es mi madre, que cree en los milagros como yo aunque ya no podrá venir; su salud no se lo permitiría, pero que está aquí, con esa fe que siempre tuvo también en mí. Su mayor deseo lo está viendo ahora, en esta etapa vital exagerada.

angel

México ha sido y es determinante en mi vida. No por ser un país más surrealista que las obras de los surrealistas –frase que se atribuye a Breton o a Dalí o a quién sabe quien, pero que existe–, no por ser la tierra de Pedro Páramo –en la que están todos muertos pese a lo cual viven para siempre– o de Julián Carrillo, el descubridor del sonido 13 –aún no descubierto por la mayoría, pero que demuestra que aquí son posibles las cosas imposibles–. Tampoco por ser la tierra en que todo tiene lugar sin medida, ni por ser la de Los olvidados de Luis Buñuel, la que inspiró a Oscar Lewis a escribir Los hijos de Sánchez, a John Steinbeck Tierra Atormentada, a Graham Greene El poder y la gloria, a Malcolm Lowry Bajo el volcán, a Luis Cernuda muchos de sus poemas y Variaciones sobre tema mexicano… Tampoco porque sea ininteligible, que lo es. México es inmaterial, inconcreto, un milagro único y pavoroso incomparable, un ente metafísico que va mucho más allá de la peculiaridad de su nombre, sus fronteras y sus gentes, siendo en realidad sus gentes muchos más que los que han nacido aquí. México es una metáfora de aristas y dimensiones incontables, un paradigma de la memoria, los recuerdos y los olvidos, los encuentros y los hallazgos, y también de los desencuentros y las contradicciones. El lugar único en que no hay exceso que no tenga sentido, una sensualidad que nace de la tierra y una abanico de colores inaudito que al final llega al negro con el pasmo. Un mito de carne en que la muerte es en realidad un amor desmedido. México es el Edén, con todo lo que el Edén tiene de gozo y fatalismo. En México radica, por si fuera poco, la Universidad Nacional Autónoma de México. En México tienen categoría gastronómica los tacos de la muerte lenta.

mexÉste es el México que llevó a Octavio Paz a decir: “La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida”.

Y si bien es cierto que los defeños tienen características propias, ninguna de ellas los diferencian pese a las apariencias del resto de los mexicanos, al fin y al cabo el D.F. –hoy CDMX, cuyo gentilicio desconozco, pero que debe ser horrible– fue creado por aluviones de gentes de todas partes que fueron capaces de construir un ente universal en el que radica la potencia telúrica de esta ciudad, mucho más allá de su extensión y sus datos demográficos y económicos. Así, todo el México posible se hinca y nace de la tierra y hasta en la Lupe, incluso en las aristas más ateas y descreídas que puedan existir, pues la Lupe es compatible con la negación de Dios, en una suerte de alquimia diferente y misteriosa, única, que hace de esta tierra, forjada en el horno del amor, del agua y de la sangre, una tierra prometida, y no solo para los mexicas…

Y por esta razón no es de extrañar que Ramón María del Valle-Inclán dijera: “En México está [también] la esencia más pura de España”. Y por eso quizá tenga sentido que yo, un español apenas adaptado pueda estar aquí, lleno de humildad y gratitud. En este México universal cuya ciudad bandera nos recibe como el mascarón de proa de la vida más potente que pueda uno imaginarse… No diré hoy aquí aquella frase de Francisco Villa (“¡Viva México, cabrones!”), que incorporé a mi poema “Dolor de México”, publicado de forma maravillosa por mi entrañable Federico Corral Vallejo en su Tintanueva Ediciones hace ahora tres años, y no lo haré tampoco por respeto a la patria a la que amo y que no es otra sino ésta en la que vivo, la tierra por la que ando y el dolor que siento, que es un dolor que nadie siente, como escribí en ese mismo poema. Ojalá algún día pueda yo llegar a reintegrar a México lo mucho que me ha dado y me da. Lo que aún me dará, y no es cuestión de merecimiento, ande yo por los lares por los que ande. Yo amo México, creo en los milagros, en que la vida es un continuo creer, crecer y crear. Y creo profundamente en México, que ha vivido, vive y vivirá en mí por y para siempre, conmigo.

Y así, hoy más que nunca, y pese a las humillaciones y desgracias que vive este país al que amo, cuando cada vez hay menos gente que desea festejar las fiestas patrias, yo me sumo más que nunca al grito y agradecido y con temblores e incluso indiferente a la muerte y a la vida digo: ¡Viva México!

160806_MPP recorteCONTACTA CON Manuel Pérez-Petit, escritor y periodista

docementos@gmail.com / @Mppetit

REDACCIÓN MPP/VCR

Comentarios (1)

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Comentario
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  • 17 Septiembre, 2016 a las 9:38 PM Carlos Alejandro Franco

    Felicidades, Manolo, es una pieza exquisita que logra atrapar los ojos desde la primera línea. Un abrazo.