Por Mónica Herranz* Aun escurriendo, con desgano y poca fuerza deslicé la tela con la que había cubierto el único espejo que tenía; un espejo de cuerpo completo. Hacía meses atrás que lo había “clausurado”, por así decirlo, con ese paño negro. Me lastimaba el reflejo de luz y sol que se esparcía por toda... Más [+]...