POR FRANCISCO SALGADO F.
LAS CINCO CRISIS DE NUEVO LEÓN
La política, cuando se reduce al espectáculo de las pantallas, suele olvidar que las consecuencias de la frivolidad se pagan en la realidad diaria de los ciudadanos. La reciente solicitud de licencia de Waldo Fernández en el Senado de la República para coordinar los esfuerzos de la Cuarta Transformación en Nuevo León no es un movimiento estratégico ordinario; es el diagnóstico crudo y frontal de un estado que acumula diez años de zozobra y deriva institucional.
Evocando la máxima de Ortega y Gasset, *»Yo soy yo y mi circunstancia»*, el ahora exsenador pone sobre la mesa una lectura obligada para entender el colapso del dinamismo regiomontano: la crisis de gobernabilidad no nació ayer, sino que es el resultado de seis años de ocurrencias bajo el mandato de Jaime Rodríguez «El Bronco», sumados a cuatro años de la profunda frivolidad y centralización mediática de Samuel García y su entorno familiar. Una década entera donde la confrontación estéril entre el Ejecutivo y el Legislativo ha tomado como rehén al ciudadano.
El valor de la postura de Waldo Fernández no radica únicamente en señalar el bache, sino en desmenuzar las cinco grandes crisis que asfixian a la entidad federativa con propuestas que exigen un viraje urgente hacia el orden, la transparencia y el trabajo:
* Seguridad con arraigo territorial: Mientras algunas regiones turísticas como Bustamante han visto caer sus ventas hasta un 60% por la delincuencia, la propuesta es rescatar el Nuevo León de la tranquilidad cotidiana. Aunque la percepción ha mejorado gracias a la intervención federal, el reto local es devolver la paz a las plazas públicas y los municipios periféricos.
* Movilidad humana, no de redes: Perder tres horas al día en el transporte público no es una anécdota de internet; es un golpe directo a la productividad y la salud mental. Se requiere una reingeniería profunda del transporte que priorice los tiempos del trabajador sobre la numeralia de los algoritmos.
* Gestión hídrica realista: El déficit es matemático: existe un millón 300 mil personas por encima de la capacidad de abastecimiento actual de las fuentes de agua. Nuevo León no puede seguir creciendo bajo la lógica de la improvisación hídrica.
* Saneamiento financiero y combate a la triangulación: Con una proyección de deuda a corto plazo de entre 15 mil y 18 mil millones de pesos por la falta de presupuestos consensuados, la propuesta es de carácter legal y técnico. Fernández apunta directamente a la trazabilidad bancaria en el presunto desvío de 1,400 millones de pesos del erario local, exigiendo el fin de la impunidad mediante la intervención de las fiscalías.
> El electorado de Nuevo León es profundamente reflexivo; ya ha demostrado que evalúa dos variables implacables: el expediente personal de vida y la viabilidad técnica del proyecto presentado.
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La apuesta por la tecnología para la rendición de cuentas —proponiendo que el gasto público de los tres niveles de gobierno pueda auditarse en tiempo real desde un teléfono celular— dibuja el perfil de una izquierda moderna, técnica y norteña.
Al dejar el Senado en manos de Carlos Suárez, un perfil con credenciales robustas en el sector industrial de cara a la revisión del T-MEC, se manda una señal clara a los mercados y a los sectores productivos: la justicia social no está peleada con la eficacia económica.
Nuevo León es un estado demasiado complejo y maravilloso para seguir gobernado bajo la lógica del *like* y la simulación.
La circunstancia de Waldo Fernández es hoy la de un estado que busca recuperar el rumbo, la honestidad y el orden que su gente demuestra todos los días en el trabajo. La encuesta interna definirá los nombres, pero el diagnóstico propositivo ya ha quedado firmemente asentado sobre la mesa.
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