POR FRANCISCO SALGADO F.
Durante décadas, el quehacer gubernamental en nuestras regiones adoleció de un mal crónico: la política de la «ocurrencia y arranque», donde los esfuerzos se medían por el tamaño del listón inaugurado y no por la viabilidad a largo plazo de las obras. Hoy, el panorama en Hidalgo muestra un viraje de timón indispensable. La transformación que encabeza el gobernador Julio Menchaca Salazar ha encontrado su mayor fortaleza en un motor silencioso pero potente: la Unidad de Planeación y Prospectiva, bajo la conducción de Miguel Tello Vargas, legítimo aspirante a una curul federal por Tula en 2027.
Hablar de planeación en el servicio público suele sonar a concepto abstracto, a carpetas engargoladas que acumulan polvo en los escritorios oficiales. Sin embargo, cuando la técnica se pone al servicio de la gente, los conceptos se convierten en realidades medibles. El verdadero valor de esta gestión radica en haber transformado el Plan Estatal de Desarrollo en un documento vivo, un mapa de navegación que alinea por primera vez los esfuerzos de los 84 municipios con la visión estatal y federal.
El ejemplo más claro de esta sinergia y de la correcta lectura del futuro es, sin duda, el proyecto del tren AIFA-Pachuca. Esta obra de infraestructura, cobijada por una estrecha y productiva coordinación con el gobierno federal, no es solo un tendido de vías; es el cordón umbilical que conectará de manera definitiva el potencial logístico e industrial de Hidalgo —con zonas clave como el parque PLATAH— con el corazón económico del Valle de México.
La diferencia fundamental del Hidalgo de hoy es que no se espera a que el progreso llegue por inercia; se calcula, se proyecta y se mide. El seguimiento milimétrico a estos proyectos de conectividad, sumado a esfuerzos de alto impacto regional como la tecnificación del riego en el Valle del Mezquital, demuestra que la coordinación institucional da dividendos claros cuando hay un tablero de control y metas bien definidas.
Gobernar con prospectiva significa tener los pies en el presente pero la mirada puesta en la próxima generación. Al sistematizar los indicadores de gestión y apostar por la gobernanza digital, se cierran las puertas a la opacidad y se abren a la eficiencia. Los resultados ya son tangibles en el territorio, pero lo más importante es la certidumbre que se siembra de cara al futuro.
El camino hacia la prosperidad no admite atajos ni voluntarismos. El bienestar sustentable de las y los hidalguenses depende de que esta maquinaria de precisión técnica y orden administrativo siga marchando con el mismo ritmo. Hidalgo está demostrando que, cuando la juventud, como es el caso de Miguel Tello Vargas, aporta dinamismo y la experiencia e Julio Menchaca, dictan el rumbo, el porvenir del estado se planea con éxito y se construye con certeza.
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