Miguel Ángel Sánchez de Armas Una tarde madrileña de mil novecientos treinta y tantos durante la guerra civil, en el hotel favorito de los corresponsales extranjeros, un hombre alto y desgarbado, mal rasurado y de penetrantes ojos claros, subió a paso cansino por las escaleras hasta una de las habitaciones en cuya puerta tocó con... Más [+]...