CIUDAD DE MÉXICO.- Una vez me llevaron al teatro siendo un niño. Pregunté por los caballos —aquellas monturas que me maravillaban hasta la euforia cuando cruzaban al galope los inmensos espacios del western— y me dijeron que allí no había “cosas de esas”. Desde entonces no he vuelto ni a mirar un escenario. Han pasado... Más [+]...