Por Gregorio Ortega Molina *“En el subterráneo de su alma, poco accesible a su propia mirada, late la incertidumbre de su posición y, reconociendo oscuramente la inconsistencia de su personalidad, que puede desvanecerse al menor soplo, se protege como los erizos, con un revestimiento de espinas. Nadie puede tocarlo sin herirse. Tiene una susceptibilidad extraordinaria a... Más [+]...