POR FRANCISCO SALGADO F.
El tablero político de Nuevo León ha comenzado a moverse con una antelación que refleja la importancia de lo que está en juego. La solicitud de licencia de Andrés Mijes como alcalde de Escobedo, que será efectiva a partir del 1 de junio, no es un trámite administrativo más; es el primer paso decidido de un actor que busca devolverle al estado la sobriedad y la gestión de resultados en un momento de evidente polarización y ruido institucional.
Mijes se lanza al ruedo con una narrativa que resuena en el ADN regiomontano: la recuperación de los valores del esfuerzo, la austeridad y la responsabilidad pública. Al invocar la figura de don Eugenio Garza Sada, el alcalde no solo apela a la nostalgia, sino que lanza un dardo directo a la forma actual de hacer política en la entidad. Su mensaje es claro: Nuevo León necesita menos espectáculo y más administración; menos conflicto y más soluciones.
Sin embargo, el camino hacia la Coordinación Estatal de la Transformación —y eventualmente a la gubernatura— no será un día de campo. Mijes entra a una contienda interna de «grandes ligas» donde figuran nombres con un peso específico en la política nacional:
- Tatiana Clouthier: Con un arraigo nacional indiscutible y su actual rol en el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, representa una figura de confianza absoluta en el centro del país.
- Clara Luz Flores: Quien fuera su antecesora en Escobedo y hoy opera desde la Segob, conoce las entrañas del estado y cuenta con una estructura que no puede subestimarse.
- Judith Díaz: Senadora con una trayectoria de décadas en el servicio público y un conocimiento profundo del territorio neolonés.
- Waldo Fernández: Un legislador que ha sabido posicionar la agenda de Morena con astucia y capacidad de debate en el ámbito local y federal.
¿Qué ofrece Mijes frente a este panorama? La experiencia del territorio. Mientras otros operan desde la capital o el legislativo, Mijes viene de la trinchera municipal, del contacto directo con el bache, la seguridad y el drenaje; de gobernar por segundo periodo consecutivo el bastión más sólido de Morena en el estado.
Su apuesta es propositiva porque no nace de la improvisación, sino del diagnóstico de quien sabe que el estado requiere un «golpe de timón» hacia la seriedad. No la tiene fácil, es cierto. Se enfrenta a estructuras consolidadas y rostros conocidos en cada rincón de México. Pero en una política estatal que parece agotada por la estridencia, la propuesta de un «gobierno de capacidades» podría ser, precisamente, el aire fresco que la militancia y la ciudadanía terminen por elegir.
El 22 de junio será el primer filtro. Por ahora, Mijes ha tenido la audacia de levantar la mano y poner sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Cómo permitimos que el estado perdiera el orden? La respuesta, parece decirnos, comienza con un trabajo serio desde la base.









