POR FRANCISCO SALGADO F.
La calzada de los Fuertes en Puebla no solo se llenó este 5 de mayo con el estruendo de las salvas de artillería y el rítmico marchar de los contingentes escolares; se llenó de un mensaje político de fondo que trasciende la efeméride. Bajo un cielo azul poblano, donde el papel picado y la algarabía marcaban el pulso de una fiesta popular, el gobernador Alejandro Armenta lanzó una proclama que resuena en el actual tablero geopolítico: la soberanía no es una pieza de cambio.
Ante la mirada de la presidenta Claudia Sheinbaum y la plana mayor de los tres poderes de la Unión, Armenta no solo recordó la derrota del ejército más poderoso del siglo XIX, sino que actualizó el concepto de «defensa de la patria» para el siglo XXI.
Lo más propositivo del discurso de Armenta radica en su capacidad para aterrizar el concepto abstracto de soberanía a la realidad cotidiana del ciudadano. No se trata solo de muros o fronteras, sino de fortaleza interna.
Armenta fue claro al señalar que un país desigual es un país vulnerable. La soberanía se defiende eliminando las brechas que permiten la injerencia. La apuesta es por un Estado que sirva al pueblo para que las soluciones nazcan desde dentro, no por imposiciones o «consejos» externos que suelen esconder intereses ajenos.
«México es un país soberano que busca paz, no sumisión; cooperación, no imposición». Esta frase resume la doctrina de una administración que busca sentarse a la mesa global con la espalda recta.
Mientras las palabras del gobernador marcaban la postura política, las calles de Puebla ofrecían un espectáculo de unidad nacional. El desfile no fue solo un despliegue militar; fue un lienzo de la diversidad mexicana:
La gallardía de las etnias: Los contingentes de las regiones de la Sierra Norte y la Mixteca recordaron que la victoria de 1862 fue, ante todo, una victoria de los indígenas y campesinos convertidos en soldados.
Juventud en marcha: Miles de estudiantes, con sus uniformes impecables y bandas de guerra, le dieron ese aire de renovación que tanto enfatizó el mandatario en su discurso.
El respaldo simbólico: La presencia de la Presidenta Sheinbaum en el templete principal subrayó el mensaje de Armenta: *Puebla es el bastión donde la República se reafirma.
El gobernador Armenta lanzó una advertencia necesaria frente a las tentaciones de buscar soluciones externas a problemas internos. En un contexto donde las presiones internacionales suelen intensificarse, su llamado a la *autodeterminación* es una invitación a la cohesión.
La propuesta es clara: seguir construyendo una nación donde la dignidad nacional no sea solo un discurso de aniversario, sino una práctica de gobierno. Al decir que «el 5 de mayo no comenzó en el campo de batalla, sino cuando algunos buscaron apoyo fuera», Armenta nos recuerda que el mayor riesgo para un país no es el enemigo externo, sino la desunión interna.
Hoy, la soberanía se defiende con infraestructura, educación y bienestar social. Ese es el nuevo campo de batalla donde Puebla, bajo el mando de Armenta y de la mano de la Federación, parece estar listo para ganar su propia batalla moderna.









