Por Lizbeth Medina W.
CIUDAD DE MÉXICO.- Hoy recordamos a Emilio “El Indio” Fernández, quien muriera en la Ciudad de México, el 6 de agosto de 1986, de un infarto.
El director, productor, guionista y actor de cine, Emilio “El Indio” Fernández Romo, nació el 26 de marzo de 1904 en Mineral del Hondo, Coahuila, México. Fue una gran personalidad de la Época de Oro del cine mexicano, su padre era un general revolucionario y su madre una india Kikapú.
Estudió en la Academia Militar y se unió a la Revolución. En 1923 tuvo que salir del país por participar en un frustrado levantamiento contra Álvaro Obregón. Vivió en Estados Unidos, donde trabajó como doble de cine. En 1928 posó para el diseño de la estatuilla del Oscar, premio que otorga la Academia a lo mejor del cine.
De acuerdo con Biografías y vidas, regresó a México en 1933 para incursionar en la industria fílmica local como actor. En 1941 dirigió su primera película: La isla de la pasión. A Emilio Fernández se le considera uno de los más grandes cineastas mexicanos y el principal representante del llamado “nacionalismo cinematográfico”. Junto con el fotógrafo Gabriel Figueroa, el escritor y argumentista Mauricio Magdaleno y los actores Pedro Armendáriz, Dolores del Río y María Félix, formó uno de los más importantes y exitosos equipos creativos del cine nacional.
Entre las películas que la crítica ha considerado como las más importantes de su producción se hallan María Candelaria y Flor silvestre (ambas de 1943). Flor Silvestre, su tercera realización, es una de sus creaciones más destacadas; en su argumento se entremezcla la clásica película mexicana de acción con elementos claramente pertenecientes al drama de costumbres, y, en su planteamiento estético, sobresale el profundo estatismo (que el Indio tomó de las mejores obras de su admirado Sergei Eisenstein), un estatismo que le sirve para vehicular el núcleo central y vital de lo mexicano.
En esta película la pareja protagonista, dos jóvenes enamorados, vive la Revolución y es víctima de la tragedia por su doble empeño en amar y en exigir justicia: Flor Silvestre (Dolores del Río) arrostrará el sacrificio, ahogando las lágrimas con los ojos llenos de furia impávida mientras es fusilado su hombre (Pedro Armendáriz), en una de las escenas mejor filmadas del cine de todos los tiempos. Fernández, con Figueroa en la cámara, valora dramáticamente el paisaje, que se convierte en el verdadero protagonista. No son sólo los seres humanos los que viven y luchan; es la tierra la que vibra y protesta, y son los árboles acusadores los que señalan el cielo de la esperanza.
Pero la obra cumbre de Emilio Fernández fue María Candelaria, historia de un amor imposible que brota de los mismos hombres y del ambiente social que les rodea. De nuevo el tema central de su obra es el problema humano: la explotación y la velada esclavitud contemporánea, narradas con lenguaje poético, viril y elemental. En esta cinta se plantea un grave problema social: ahí está el hombre oprimido, que lucha por su sustento contra un cacique poderoso, contra la explotación por el extranjero, contra la mezquindad del ambiente; y a ese hombre se le deja solo. No hay cooperación. Por eso la referencia al hombre y a lo que está unido a él ha sido también la gran palabra, el mensaje histórico de su pueblo, su aportación a esta edad de lo colectivo y despersonalizado.
Emilio Fernández, al elegir el camino nacional e indigenista, tomó la resolución más certera, pero al mismo tiempo la más difícil. Se enfrentó con decisión a la corriente general que prevalecía en la industria cinematográfica del país, y planteó además con valentía, en los argumentos de sus películas, uno de los problemas fundamentales y más espinosos no sólo de la sociedad mexicana, sino de todos los países de América Latina: el de la situación real del indio.
Fernández lo expuso, es cierto, de un modo muy simplista, recogiendo el viejo mito del “buen salvaje” de Rousseau para reconvertirlo en el mito del “buen indio”. Basándose en este arquetipo, el director fue realizando casi todas sus producciones, cuyas historias giran, por lo común, alrededor de un indio sencillo y noble enamorado de una india bella y cándida, personajes que habitan en un maravilloso marco natural de espléndidos paisajes, como representación visible de una naturaleza pródiga y casi como una parábola de la “madre tierra”. Esos amores se ven siempre contrariados por algún civilizado voraz y sórdido, nacional o extranjero, que actúa como la mano ejecutora de la fatalidad clásica.
Su nombre fue muy respetado en otras cinematografías y por directores muy dispares, para los que trabajó como actor. Por encima de sus fracasos, su figura ha sido fundamental para entender el despertar de la cinematografía latinoamericana, en un deseo de ofrecer una imagen propia, diferente a la impuesta desde otros dominios más mercantilistas, aunque este protagonismo no impida que también se le achaque un exceso de realismo y el ser un defensor a ultranza de la justicia social, con personajes sumergidos en un torrente de violencia, drama y conformismo, apoyándose para ello en una estética muy pictórica y escenográfica.
Murió en la Ciudad de México, el 6 de agosto de 1986, de un infarto.
AM.MX/lm
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agosto 9, 2026
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Recordando a Emilio “El Indio” Fernández a 40 años de su fallecimiento
Por Vocero
Por Lizbeth Medina W. CIUDAD DE MÉXICO.- Hoy recordamos a Emilio “El Indio” Fernández, quien muriera en la Ciudad de México, el 6 de agosto de 1986, de un infarto. El director, productor, guionista y actor de cine, Emilio “El Indio” Fernández Romo, nació el 26 de marzo de 1904 en Mineral del Hondo, Coahuila,... Más [+]...





