BOGOTA, COLOMBIA.- Durante años, el periodismo latinoamericano ha operado bajo la idea de que el desgaste físico y emocional es simplemente el precio de hacer bien el oficio. Noches sin dormir, jornadas sin pausas, jefaturas autoritarias y hostigamiento constante en redes sociales suelen empaquetarse bajo la resignada etiqueta de “gajes del oficio”.
De acuerdo con la Fundación Gabo, especialistas en salud mental, gestión de redacciones y seguridad de la prensa —convocados en distintos espacios del Festival Gabo 2026— se reunieron para desmontar esa idea desde distintos ángulos: la neurociencia del descanso, la salud psicológica colectiva, la seguridad física y digital en zonas de riesgo, y las alianzas legales frente a la persecución judicial y económica de los medios independientes.
De esas conversaciones surgen estos aprendizajes que plantean que la salud mental de quienes informan es, en realidad, una condición estructural para que el periodismo pueda sostenerse en el tiempo. Este texto los reúne en un decálogo que conecta lo individual con lo organizacional y lo colectivo, y van desde aprender a regular el propio sistema nervioso hasta exigir que las redacciones traten el agotamiento como un problema estructural, pasando por protocolos de seguridad en campo y estrategias legales compartidas frente a leyes diseñadas para asfixiar a la prensa independiente.
1. Reconocer el trauma como una forma de censura silenciosa
Antes de hablar de técnicas o protocolos, el periodista estadounidense Bruce Shapiro, director del Dart Center for Journalism and Trauma, propuso como premisa que el desgaste psicológico de un reportero no es solo un asunto privado, sino que puede llegar a ser ataque al derecho de la sociedad a estar informada.
Shapiro sostuvo en su clase magistral ‘Censura silenciosa’ que “un periodista que no es capaz de cumplir con una entrega, o que es incapaz de escribir una nota debido a una lesión psicológica, es apartado de la gente de forma tan efectiva como si estuviera en prisión”. Cuidar la mente del reportero, entonces, no es un lujo terapéutico sino una condición para que la información siga circulando.
2. Desconectarse: proteger los microdescansos y poner límites al teléfono
El cerebro no se recupera del estrés agudo por sí solo mientras siga recibiendo estímulos. Necesita pausas deliberadas y espacios de verdadera desconexión del flujo informativo. Shapiro señaló en su clase la importancia de estructurar microdescansos y cambios de tarea durante la jornada, alternando coberturas duras con actividades externas que den placer.
Identificó al celular como el principal obstáculo para lograr el descanso: el modelo de negocio de los smartphones está diseñado para mantener al usuario en excitación constante, lo que prolonga artificialmente el estado de alerta mucho después de que termina la jornada. Su recomendación fue, crudamente: “guarda el puto teléfono”. No basta con proponerse descansar si el dispositivo que se lleva en el bolsillo trabaja activamente en sentido contrario.
3. Aprender a regular el sistema nervioso
Muchos periodistas eligen el oficio justamente por su ritmo vertiginoso, pero esa misma atracción por la urgencia termina consumiéndolos si no se regula. Shapiro lo describió como “adicción a la adrenalina” de la cobertura. El desafío, según el experto, no es dejar de sentir esa descarga —imposible en este trabajo— sino aprender a reconocerlo como algo que hay que administrar, no como una virtud profesional a la que rendirse sin límite.
En esa misma línea, quienes procesan contenido violento en particular están sujetos a estímulos negativos. Shapiro compartió una técnica puntual tomada de terapeutas especializados en trauma: tener disponible, en el teléfono o en la memoria, una imagen reconfortante a la que recurrir apenas se detecten las primeras señales de alteración. La idea es contar con un ancla mental que permita regular la respiración y desplazar activamente la escena perturbadora antes de que se vuelva un recuerdo intrusivo recurrente.
4. Desnaturalizar el sufrimiento y escuchar las señales tempranas del cuerpo
Gran parte del daño acumulado en las redacciones no viene de un solo evento traumático, sino de la costumbre de tolerar lo intolerable bajo la excusa de que “así funciona el periodismo”. Sofía Álvarez, de SembraMedia, planteó en el taller ‘Cuidar(se) para seguir informando’ que buena parte de ese daño se acumula porque se suele pensar la salud mental en blanco o negro —se está bien o se está enfermo— cuando en realidad “hay un nivel de gradientes y un nivel de desafíos”. Enfatizó en la importancia, para detectar un posible daño, “de escuchar y de habilitar los espacios para que las personas puedan hablar”.
Un periodista participante en el taller mostró el costo real de ignorar esa alerta: terminó en tratamiento psiquiátrico y con neuropatías crónicas derivadas de un estrés postraumático que nunca trató a tiempo. Su error, reconoció, fue haberle “tenido miedo a la salud mental”.
5. Exigir que el burnout se trate como un problema colectivo, no individual
Cuando el agotamiento se instala, la respuesta no puede recaer únicamente en la fuerza de voluntad del periodista afectado. Sofía Álvarez cuestionó en el mismo taller el peso que suele ponerse en el autocuidado individual: de nada sirve que alguien tenga buenas herramientas personales si la organización normaliza dinámicas insalubres, como no tener tiempo ni para almorzar. “El burnout es un síndrome que no es únicamente individual, también el tratamiento tiene que ser colectivo: tiene que haber una organización, un contexto que ayude a que esa persona se cuide”, explicó.
De ahí se desprende lo que Álvarez llama “seguridad psicológica”: un entorno donde las cargas de trabajo sean claras y cualquier miembro del equipo pueda admitir que está desbordado sin temor a represalias. Esto exige decisiones concretas de gestión, como otorgar licencias psicológicas con la misma validez que una por lesión física, y redistribuir el trabajo del equipo cuando eso ocurre.
6. Formarse como agente de salud y cerrar cada cobertura con una evaluación
La prevención efectiva no depende solo de los líderes de la redacción, sino de entrenar a todo el equipo para detectar señales tempranas de desgaste en sus colegas, incluso en la distancia del trabajo remoto. Sofía Álvarez explicó en el taller que un agente de salud debe notar detalles sutiles, como cuando alguien que solía trabajar con cámara encendida empieza a apagarla, o alguien puntual comienza a demorar sus entregas.
Ese mismo cuidado necesita un cierre formal una vez terminada la cobertura: Shapiro recomendó en su conferencia instaurar la “evaluación operativa”, un ejercicio grupal que devuelve sentido de control preguntando qué funcionó, qué fue un desafío y qué se aprendió, en vez de pasar de una historia difícil a la siguiente sin procesar nada de lo vivido.
7. Romper con la cultura del martirio
Los medios deben ser responsables de la vida de sus reporteros y no exigir coberturas que atenten de manera directa contra su integridad física. En el panel “No hay periodismo sin periodistas”, Jimena Aguilar rechazó la idea romántica e instrumental de que un buen periodista debe sacrificarlo todo por una primicia.
Aguilar defendió la necesidad de poner límites éticos y de cuidado antes que buscar métricas o alcances digitales, sentenciando que su medio nunca le exigirá a nadie ser mártir, porque “los periodistas servimos si podemos hablar, si podemos escribir” y un mártir “no puede hacer esas cosas”.
8. Diseñar protocolos de seguridad física y digital antes de salir a campo
El cuidado de un equipo en territorio no puede depender de su instinto de supervivencia en el momento del peligro. Eso tiene que estar resuelto de antemano por la organización que lo envía. Juan Torres, codirector de Amazon Underworld, planteó en la clase magistral ‘Protocolo de seguridad para periodistas en zonas de riesgo’ que todo protocolo parte de dos preguntas que hay que responder antes de salir a campo: “qué puede salir mal y qué puedo hacer para reducir el daño”. De esa lógica se desprenden varias herramientas concretas que detalló en su charla:
Ficha de salida. El documento maestro que guía el monitoreo diario del equipo desde la base: mapea los riesgos del territorio, define roles, detalla el itinerario minuto a minuto, clasifica los contactos locales (confiables, inciertos, no confiables) y establece el plan de evacuación.
Check-ins obligatorios. Dentro de la ficha de salida se pactan horas fijas del día en las que el equipo en campo debe enviar la señal de “está todo bien”, por Signal o mediante un dispositivo satelital. Un silencio de más de 30 minutos activa de inmediato el protocolo de rescate.
Celular de campo. Un dispositivo exclusivo para el viaje, sin contactos ni historial personal y protegido con PIN, para no comprometer fuentes si es confiscado en un retén.
Signal para comunicaciones sensibles. A diferencia de otras plataformas, no conserva metadatos ni registros que puedan entregarse a terceros.
Prueba de vida. Antes de viajar, cada periodista responde dos o tres preguntas hiperpersonales que nadie más conoce. Si es secuestrado, la base puede formulárselas al captor para confirmar, con certeza, que el reportero sigue con vida.
9. Blindar al medio con un diagnóstico institucional y defensa legal compartida
Los medios independientes de la región enfrentan una presión doble, con leyes diseñadas para asfixiarlos financiera y judicialmente —como la reforma a la Ley APCI en Perú, que prohíbe usar fondos de cooperación internacional para litigar contra el Estado, o la Ley de Agentes Extranjeros en El Salvador, que grava con 30 % cualquier fondo internacional— y a la vez un Estado que, lejos de proteger, suele ser ausente u hostil, como denuncian periodistas en Ecuador y en zonas de la Amazonía brasileña donde la policía local está alineada con economías ilegales.
Ante a ese doble desafío, Isabela Ponce, cofundadora de GK, planteó en el panel ‘No hay periodismo sin periodistas’ que ningún medio puede defenderse solo, y que la respuesta tiene que organizarse de antemano, no improvisarse en plena crisis. Romina Mella, de IDL-Reporteros, mostró que esto ya ocurre en la práctica: cinco medios peruanos se unieron para financiar y presentar amparos contra la ley APCI, y el medio salvadoreño Alharaca fundó una asociación legal fuera de su país para proteger sus fondos y salarios antes de que su ley entrara en vigor. La lógica detrás es que si cada medio pelea solo, termina perdiendo por agotamiento, a menos que comparta abogados, estrategias y costos con otras organizaciones.
10. Tomar en serio las amenazas de género
El acoso que reciben las periodistas no es una versión más intensa del acoso general, sino un fenómeno distinto que ataca específicamente su condición de mujeres. Jimena Aguilar, del medio feminista Alharaca, relató en el mismo panel que su equipo empezó a notar acosos “muy específicos en términos de género”, enfocados en descalificar los cuerpos de sus colaboradoras y no solo su trabajo periodístico. María Eugenia Álvarez, de SembraMedia, expresó que las amenazas condicionadas por el género se suman a la hostilidad que de por sí ya enfrenta cualquier periodista que investiga temas complejos.
Esa postura se tradujo en la decisión de Alharaca de no publicar fotos con rostros de las periodistas ni de sus fuentes al notar que ese tipo de contenido concentraba más ataques de odio, aceptando el costo en métricas con tal de proteger a las personas involucradas en cada historia por encima del alcance de la publicación.
Otras medidas concretas que tomó Alharaca, según Aguilar, incluyeron revisar y restringir la privacidad de las redes sociales personales ante campañas de odio, y recurrir a redes feministas y fondos de emergencia específicos para mujeres defensoras de derechos humanos cuando el riesgo se agudiza.
AM.MX/lm
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septiembre 13, 2026
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Decálogo del autocuidado periodístico: Fundación Gabo
Por Vocero
BOGOTA, COLOMBIA.- Durante años, el periodismo latinoamericano ha operado bajo la idea de que el desgaste físico y emocional es simplemente el precio de hacer bien el oficio. Noches sin dormir, jornadas sin pausas, jefaturas autoritarias y hostigamiento constante en redes sociales suelen empaquetarse bajo la resignada etiqueta de “gajes del oficio”. De acuerdo con... Más [+]...





