
CDMX.- En la antigua ciudad de Teotihuacan existió un lugar llamado Techinantitla. Sus muros estaban pintados. Al momento de descubrirse, las imágenes que aún se mantenían mostraban aves cantando acompañadas de pisadas humanas. Una lectura de la escena la ha hecho el Dr. Javier Urcid, relacionando la interpretación del mural con el dato arqueológico, en la que plantea que fueron espacios especiales como tipo criadero, pero con un mensaje simbólico.
Al participar en la charla Coloreando la escritura de Teotihuacan, organizada por Teotihuacán en Casa, Urcid afirma que las aves que se observan fueron colocadas entrando y manteniéndose al interior de un espacio delimitado como si se tratara de un cajón de anidación.
Ahora bien, la propuesta de lectura la refuerza con los hallazgos arqueológicos efectuados en Cacaxtla y Paquimé, en donde se han identificado estos cajones de anidación como parte de las construcciones realizadas por quienes ahí habitaron. El caso de Paquimé no deja lugar a dudas, ya que se encontraron restos de guacamayas y guajolotes que se mantuvieron dentro de los cajones.
De tal forma que las imágenes de Techinantitla pudieran estar haciendo referencia a la reproducción de aves en #teotihuacan

Urcid plantea que estos son los Cajones de Anidación para aves hallados en diverso sitios arqueológicos. Se les ha dado el nombre de conejeras
Por otro lado, una vez realizada esta interpretación de los murales de Techinantitla, el Dr. Urcid señala el acto de anidar aves como una metáfora de cuidar cautivos de guerra, que valga decir podrían estar referenciados con las huellas humanas que acompañan al ave.
El especialista afirma que desde el siglo antepasado se ha reconocido que Teotihuacán fue una ciudad colorida, pero cuando se trata de las prácticas escriturarias de sus antiguos habitantes los datos tienden a publicarse en blanco y negro.
Al igual, la representación de múltiples superficies pintadas, o de vasijas cilíndricas trípodes con inscripciones en toda su superficie, suele reducirse analíticamente a un nivel atomístico, sin que el estudio proceda a un nivel de síntesis. Esta fragmentación, sumada a un legado arqueológico ya de por sí incompleto, hace que ciertos patrones de escritura permanezcan invisibles.
Los dibujos a color bidimensionales de varios ejemplos de murales y de vasijas trípodes permiten bosquejar cómo opera el sistema de signos y plantear la reconstrucción hipotética de mensajes más amplios, revelando así varios aspectos de la cosmovisión antigua y de la forma en que ésta fue representada y comprendida, agrega el académico del Departamento de Arqueología de la Universidad de Brandeis.

Fragmento que contiene serpientes, aves, pencas y ramas con fuego en concordancia simbólica
Cabe recordar que Teotihuacan, fue una ciudad prehispánica que data del año 100 ac al 500 dc, cuando tuvo su máximo desarrollo como centro urbano que atrajo al 95 por ciento de la población de la Cuenca de México y se extendió a 20 kilómetros a la redonda con unos 200 mil habitantes. Hacia el año 550 inició su decadencia que duró más de 250 años y a la llegada de los españoles sXV; ya era una ciudad abandonada y fragmentada.
En la charla (mayo 2026), el especialista comentó acerca de los estudios y trabajos previos sobre Teotihuacán realizados por Agustín Villagra (1951) en Atetelco; de Lurette Sejorunet (1966), quien publicó un libro sobre iconografía de los muros; la obra de George Kubler, La iconografía de Teotihuacan; y Arthur Miller autor de Los Murales de Teotihuacán, con dibujos de Eusebio Dávalos Hurtado, quien utilizó papel albanene, directo sobre los diseños originales de los muros para reproducirlos.
De igual forma están los trabajos de Catherine Berin, quien en 1988 publicó estudios de murales saqueados de Teotihuacan, que pertenecían a Techinantitla. Beatriz de la Fuente quien se especializó en la pintura mural prehispánica en México, sobre todo los dedicados a murales de Teotihuacan. En 2018, Cynfia Conides analizó las pinturas en vasijas trípodes; Marlin Maruf también tiene estudios de vasijas trípodes policromadas. Y en 2024, Diana Magaloni escribió Vivimos entre pinturas, acerca del color en los pueblos originarios.
El Dr. Javier Urcid estudia la historia y los procesos socioculturales del México antiguo. Ha escrito sobre las tradiciones de escritura oaxaqueñas, los ornamentos de concha huastecos, los patrones de asentamiento milenarios en Veracruz, las prácticas funerarias Beni Zaa y la tafonomía y el simbolismo del sacrificio humano en Mesoamérica. Imparte clases sobre arqueología antropológica en la Universidad de Brandeis.
Fotoportada: 𝐑𝐞𝐩𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐚𝐯𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐚𝐝𝐚 𝐞𝐧 𝐦𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐓𝐞𝐨𝐭𝐢𝐡𝐮𝐚𝐜𝐚𝐧
https://www.facebook.com/teotihuacanenCasa

En la charla (mayo 2026), el especialista comentó acerca de los estudios y trabajos previos sobre Teotihuacán realizados por Agustín Villagra (1951) en Atetelco; de Lurette Sejorunet (1966), quien publicó un libro sobre iconografía de los muros; la obra de George Kubler, La iconografía de Teotihuacan; y Arthur Miller autor de Los Murales de Teotihuacán, con dibujos de Eusebio Dávalos Hurtado, quien utilizó papel albanene, directo sobre los diseños originales de los muros para reproducirlos.






