CIUDAD DE MÉXICO, 24 de abril 2018.- En una más de sus acciones por proteger y concientizar de la importancia de la Selva Lacandona, el gobierno federal emitió un comunicado en el que informa las razones por las que debe conservarse este hábitat de México ubicado en el estado de Chiapas, que lleva la tercera parte de su área deforestada por acciones humanas.
La mayor parte de su extensión, selva alta perennifolia (75 por ciento), es uno de los ecosistemas más complejos y diversos que se conocen. En tan sólo uno de ellos pueden existir 70 diferentes tipos de orquídeas, cientos de especies de escarabajos, hormigas y otros insectos, informó en un comunicado la Secretaría de Medio Ambiente Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAT).
Agrega que la selva chiapaneca posee el 15 por ciento de todas las especies de plantas del país, 500 especies de mariposas diurnas, el 27 por ciento de los mamíferos y 30 por ciento de las aves de todo México, entre otras categorías de plantas y animales.
Su valor para la conservación es alto, sobre todo por su integridad biológica funcional que incluye un sistema hidrológico que representa poco más de la mitad de la cuenca del Río Usumacinta —junto con el Grijalva forman la región hidrológica de mayor extensión en México y el séptimo más grande del mundo— y su potencial como reservorio de carbono.
También lo es por su riqueza natural y su función como corredor biológico —se conecta con la reserva Maya de Guatemala y la Península de Yucatán—, así como por fenómenos naturales extraordinarios: las selvas más altas de México, especies compartidas sólo con Sudamérica o la única localidad actual con grandes poblaciones de guacamaya roja y águila arpía.
En la Selva Lacandona vive fauna considerada como rara, endémica, amenazada o en peligro de extinción, tales como el tapir, la nutria de río, el jaguar, el mono araña, el cocodrilo de río y la tortuga blanca, entre otras. La mayor parte de su extensión, selva alta perennifolia (75 por ciento), es uno de los ecosistemas más complejos y diversos que se conocen, pero a la vez, uno de los más vulnerables y frágiles frente a la presencia humana.
Todo esto nos obliga a ser responsables con su cuidado -agrega SEMARNAT en su comunicado-. Desde 1978, el gobierno de México protege esta selva chiapaneca. Hoy se conserva a través de dos reservas de la biósfera (Montes Azules y Lacan-Tún), dos monumentos naturales (Bonampak y Yaxchilán) y tres áreas de protección de flora y fauna (Chan-Kin, Metzabok y Nahá).
A estos esfuerzos se le sumó el compromiso de Petróleos Mexicanos (Pemex), que aportará 25 millones de pesos al año, a perpetuidad. La Selva Lacandona no sólo es un pilar del México megadiverso, es una oportunidad de sostenibilidad, un lugar paradisiaco para disfrutar la naturaleza y una razón más para enamorarse de nuestra riqueza natural, agregó en su comunicado la SEMARNAT.
LA DEVASTACIÓN DE LA LACANDONA
A pesar de los esfuerzos por conservar las selvas tropicales húmedas, éstas han sido minadas. «México tenía originalmente diez millones de hectáreas de este tipo de selvas, que se distribuían desde el sur de Tamaulipas hasta la frontera con Guatemala. De ellas, solo queda un poco más de un millón de hectáreas: una mitad en los Chimalapas y la otra en la Selva Lacandona. Por eso, la conservación de estas dos regiones es estratégica para el país y para el mundo», informa Natura Mexicana.
El organismo civil de conservación de la región indicó que la región Selva Lacandona ocupaba originalmente alrededor de un millón ochocientas mil hectáreas, las cuales se han reducido a menos de una tercera parte. El resto está transformado en potreros para una ganadería muy ineficientes y para cultivos agrícolas de autoconsumo; miles de hectáreas están abandonadas por improductivas e infértiles, la selva se sigue tumbando y su población empobreciendo.
Las políticas de colonización erróneas, y de fomento productivo sin criterios ambientales ni sociales y carentes de planificación en el largo plazo a las que ha estado sometida la Selva Lacandona imprimen en la región, día a día, una huella de destrucción ambiental y marginación social.
Agrega que el reparto de tierras en la región, durante 30 años, es una de las causas de la pérdida de árboles, vegetación y especies animales. «Aunque el marco jurídico mexicano no lo permite, se llevó a cabo una deforestación desmedida, provocada por el debilitamiento de la figura ejidal, el incumplimiento de las reglas internas, la falta de aplicación de la ley e incluso su violación por parte de las mismas autoridades agrarias al parcelar las selvas».
El reparto de ejidos, el crecimiento rural, la pobreza, la ganadería rústica, la venta ilegal de especies de fauna y los plantíos de palma africana -monocultivos que impiden el crecimiento de otra flora y son usados para extraer aceite de palma de uso industrial nacional y extranjero- son algunas de las causas de la devastación de la Selva Lacandona.
Natura Mexicana informa que «lamentablemente, la deforestación alcanza las riberas de los ríos y arroyos con nefastas consecuencias en los ecosistemas acuáticos: se pierden aceleradamente los terrenos de las orillas por erosión en cada creciente de los ríos; los arroyos se desecan en el estiaje; se pierden los sitios de reproducción de la fauna acuática que depende de las raíces de los grandes árboles ribereños, así como del alimento proporcionado por sus frutos; la temperatura del agua aumenta por la falta de sombra, entre otras consecuencias.
«La presión sobre la selva no para en la deforestación: se incrementa con la cacería y la pesca furtivas. Los fragmentos de selva, sin llegar a estar completamente defaunados, han visto disminuidas las poblaciones de mamíferos de manera alarmante debido a la cacería. Esta actividad está prohibida por acuerdo de asamblea en la mayoría de los ejidos; sin embargo, sigue ocurriendo sin control y las autoridades de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente(Profepa) no están presentes para castigar estos delitos. Lo mismo ocurre con la pesca; aunque los ejidos han adoptado sus ordenamientos pesqueros, la pesca furtiva sigue ocurriendo y no se aplica la ley», añade el organismo ambiental.
REDACCION VCR











