Por Bárbara Heredia
A pesar de las críticas que despertó la propuesta de la mandataria Claudia Sheinbaum, respecto a su iniciativa para modificar la ley para que no tengan doble nacionalidad quienes aspiren a la Presidencia, a algún gobierno estatal y a la Jefatura de Gobierno de la CDMX, porque según ella en esos puestos no puedes tener «dos amos», aunque ella misma sigue los designios de su antecesor.
En la sesión del pasado 29 de septiembre, el Senado de la República aprobó con 86 votos a favor y 42 en contra las reformas a los artículos 82, 116 y 122 de la Constitución Política, para que quienes aspiren a ejercer la titularidad del Poder Ejecutivo Federal, de los poderes ejecutivos de los estados y de la Jefatura de Gobierno de la CDMX no cuenten con doble nacionalidad, con lo cual respaldó la decisión ya tomada en la colegisladora.
Dicho proyecto fue remitido a los congresos de las entidades federativas para su aprobación, un requisito más para emitir la declaratoria correspondiente y publicar la ley en el Diario Oficial de la Federación, para que sea precepto vigente antes de los comicios de 2027 cuando se renovarán 17 gubernaturas estatales. Y en 2030, cuando habrá elecciones para cambiar la Presidencia de la República y la Jefatura de Gobierno de la CDMX.
Con ello, lejos de pensar que tener otra nacionalidad enriquece culturalmente a una persona o enaltece lazos de hermandad, de cooperación o de comunidad, tener doble nacionalidad se considera como tener «doble bandera» para ser presidente de la República, gobernador o jefe de Gobierno de la CDMX.
La iniciativa en algunos sectores representa una regresión y una restricción a los derechos político-electorales de los ciudadanos binacionales, tratándolos bajo una presunción generalizada de deslealtad.
La American Society of Mexico (AmSoc), fundada en México en 1942 expresó su profunda preocupación por la votación en el Senado que aprobó «una reforma que implica la pérdida de derechos políticos para ciudadanos mexicanos con doble nacionalidad».
La organización considera que las diferencias de nacionalidad no deben convertirse en motivo para restringir derechos ni para presumir deslealtad de manera generalizada. Las medidas que afectan derechos fundamentales requieren deliberación pública, evidencia y un análisis proporcional de sus consecuencias, refiere.
Aunque AmSoc hizo un «llamado a las autoridades y a los legisladores a escuchar a las personas afectadas y a garantizar que cualquier reforma fortalezca la inclusión democrática de millones de mexicanos», el mutis fue lo que prevaleció, el dedazo y el mayoriteo del partido oficialista.
En la actualidad, cuántos mexicanos, sin tener doble nacionalidad, son desleales con el país. Cuántos políticos son desleales no sólo en los dichos, con su doble cara, sino en los hechos, escondiendo el dinero robado a la nación en otros países. Andan ahí como si nada, algunos muy sentaditos o sentaditas y otros a salto de mata.
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