En un entorno profesional marcado por la hiperconectividad, las exigencias constantes y la necesidad de responder con rapidez, Javier Sánchez Carranza propone replantear la manera en que se entiende la salud mental en el trabajo. En su libro Liderar sin Enloquecer, el autor plantea diez microhábitos para fortalecer capacidades que permitan enfrentar la presión sin perder claridad, presencia ni capacidad de decisión.
La premisa parte de una idea central: el ser humano no ha evolucionado al mismo ritmo que las condiciones de la vida contemporánea. Sánchez Carranza utiliza la metáfora de un sistema operativo biológico que quedó desactualizado frente a la velocidad actual y que responde ante determinadas presiones como si fueran amenazas físicas.
La salud mental puede convertirse en una herramienta para tomar mejores decisiones
En entrevista con Al Momento Mx, Javier Sánchez Carranza explicó que hablar de salud mental no debe limitarse a la ausencia de un trastorno o a sentirse bien. Su propuesta consiste en entenderla como una capacidad que permite que la mente funcione como una aliada para cumplir objetivos, afrontar conversaciones difíciles y responder ante situaciones complejas.
“La salud mental va más allá de no tener algún trastorno”, explica Sánchez Carranza, quien compara esta capacidad con la salud física. Así como el cuerpo debe permitir realizar las actividades cotidianas, la mente necesita ofrecer claridad, calma y presencia para desenvolverse en diferentes ámbitos.
Desde esta perspectiva, los microhábitos buscan incorporarse a las actividades existentes, sin convertir el cuidado de la salud mental en una tarea adicional dentro de agendas saturadas. El objetivo es realizar pequeños ajustes que, acumulados, puedan producir cambios más profundos.
La hiperconectividad y la multitarea aumentan el desgaste en el trabajo cotidiano
El trabajo remoto y la conexión permanente también forman parte de este desafío. Sánchez Carranza señala que las pantallas reducen elementos de la comunicación presencial y favorecen una mayor dispersión.
En ese contexto cuestiona la idea del multitasking. “El multitasking no existe”, afirma. En realidad, explica, la atención cambia constantemente entre tareas, lo que implica un desgaste cognitivo y dificulta permanecer completamente concentrado en una actividad.
El autor resume esta diferencia mediante dos conceptos: estar “en todo” y estar “del todo”. La segunda posibilidad implica prestar atención plena a una actividad y a las personas involucradas. Para él, esa presencia constituye la base del microhábito de presencia ejecutiva, pues también permite que los demás se sientan escuchados y reconocidos.
La resiliencia consciente busca romper con la cultura del aguante permanente
Otro de los conceptos centrales es la resiliencia consciente, planteada como una alternativa a la llamada cultura del aguante. Sánchez Carranza considera que soportar permanentemente la presión no representa necesariamente una señal de capacidad.
“El aguante es como si yo estuviera, si lo pongo en una analogía física, si viene un viento muy fuerte, aguante es como que yo estoy con mi cuerpo tratando de parar el viento”, explica. Frente a ello, propone identificar lo que ocurre en el cuerpo, revisar la narrativa mental y reconocer qué recursos o personas pueden ayudar a enfrentar un reto.
Hacer una pausa antes de reaccionar mejora la claridad al decidir
Entre las herramientas abordadas durante la conversación aparece el microhábito de notar y no hacer, diseñado para interrumpir la reacción automática ante un estímulo percibido como amenazante.
“Significa que en ese micro momento no voy a actuar”, señala. La pausa permite evitar respuestas impulsivas y abrir espacio para elegir una reacción más efectiva. El ejercicio puede vincularse con la respiración nasal y profunda para favorecer una respuesta menos reactiva.
Para Sánchez Carranza, el objetivo no es eliminar la presión, sino aprender a convivir con ella de una manera más funcional. “Hay que aprender a vivir con la presión y lo que yo planteo son herramientas para vivir en la presión estando bien, no estando peleados”, sostiene.
El liderazgo también influye en la salud mental de los equipos
Más allá del trabajo individual, Sánchez Carranza considera que quienes dirigen equipos tienen responsabilidad sobre los entornos que construyen. A mayor influencia y número de personas a cargo, aumenta la obligación de impulsar formas de liderazgo que permitan a los colaboradores crecer.
Esto no significa eliminar la exigencia. Para el autor, un liderazgo consciente puede mantener objetivos elevados sin convertir la presión en desgaste permanente. Procurar la salud mental beneficia a las personas y al desempeño organizacional.
El éxito profesional no debería alcanzarse a cualquier costo
La reflexión también alcanza a las nuevas generaciones y a quienes ocupan puestos de liderazgo. Para el autor, el éxito no puede medirse únicamente por alcanzar una meta si el proceso implica perder bienestar, integridad o autenticidad.
“Éxito no es llegar al punto B a toda costa… es llegar al punto B y que sigas siendo tú mismo, que te sientas bien contigo, que tengas autenticidad.”, afirma.
La propuesta de Liderar sin Enloquecer traslada así la conversación sobre salud mental hacia la manera en que las personas trabajan, deciden y se relacionan bajo presión. Aunque el libro parte del management y el mundo empresarial, Sánchez Carranza sostiene que sus herramientas pueden aplicarse más allá de ese ámbito, porque parten de capacidades compartidas por cualquier persona.
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Javier Sánchez Carranza presenta Liderar sin enloquecer: una nueva propuesta para fortalecer la salud mental de quienes toman decisiones bajo presión
AM.MX/CV
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