Por Roberto Fuentes Vivar
El hecho de que el pasado martes hayan fallecido cuatro personas durante los festejos por el triunfo de México ante Ecuador, es lamentable desde cualquier ángulo que se observe.
Por eso no debe banalizarse, pero tampoco magnificarse.
La tragedia enturbió el derecho a la felicidad de los mexicanos que ha sido incluso impulsado por las autoridades, luego de que la FIFA convirtió el Mundial de futbol en un espectáculo elitista en el cual solo unos pocos ciudadanos pueden disfrutar en vivo los partidos.
Es cierto que la multitud rebasó a la autoridad, al registrarse un millón 400 mil personas que salieron a las calles, tan solo en la capital del país. Por ello, precisamente la multitud se salió de control y provocó la tragedia.
Desde luego no deben banalizarse el caso, sino que hay que exigir a la autoridad que tome las medidas pertinentes para que no se repita un hecho similar, como tratar de descentralizar los festejos hacia otras partes de la ciudad (como ya lo ha hecho y pretende realizarlo el próximo domingo cuando México se enfrente a Inglaterra) o impedir que prolifere la venta indiscriminada de alcohol.
Pero tampoco debe magnificarse, como sucede en las redes sociales, en donde una parte de la sociedad prácticamente exige que se frenen totalmente los festejos, como si fuera la primera que se registra una tragedia futbolera y culpan al actual gobierno del lamentable accidente.
Nada más para recordar (porque hay que preservar la memoria histórica), no precisamente para comparar, hay que recordar la llamada “tragedia del túnel 29” en el estadio Olímpico de Ciudad Universitaria.
El 26 de mayo de 1985 ocho personas murieron asfixiadas y aplastadas por una estampida humana en el Estadio Olímpico y desde luego el hecho se magnificó como sí sucede ahora. Incluso em ese momento el rector de la UNAM era Jorge Carpizo, quien posteriormente fue premiado como presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Procurador General e la República y secretario de Gobernación. El regente de la capital era Ramón Aguirre Velázquez, que, a sus 90 años de edad, reapareció hace unas semanas en un evento para acompañar a la gobernadora panista de Guanajuato, Libia Dennise García Muñoz Ledo.
Tampoco se vale que gobiernos, como el de Inglaterra, alerten a sus ciudadanos que vengan a México para el partido del domingo, por la supuesta violencia en nuestro país, cuando, por ejemplo y para hablar nada más de futbol, los hooligans han causado la muerte a alrededor de 150 personas en hechos.
De hecho, para contextualizar la información y ponerla en el entorno mundial, a nivel global se han registrado muchas tragedias relacionadas con partidos de futbol, que a continuación menciono retomándolas de un recuento realizado por la BBC.
Desde luego se encuentra la tragedia de Heysel (Bélgica, 1985): Durante la final de la Copa de Europa entre el Liverpool y la Juventus, la invasión y violencia de los ultras ingleses provocó una avalancha que aplastó y asfixió a 39 personas (la mayoría aficionados italianos).
Otra es la Tragedia de Hillsborough (Inglaterra, 1989): Una avalancha humana causada por fallas de seguridad y sobrecupo en un partido del Liverpool dejó un saldo oficial de 97 muertos. Aunque inicialmente se culpó falsamente a los hooligans para ocultar negligencias policiales, el desastre marcó el final definitivo de estos grupos violentos en el fútbol británico.
Sin embargo, de acuerdo con la BBC, la mayor tragedia en la historia del fútbol soccer ocurrió el 24 de mayo de 1964 en el Estadio Nacional de Lima (Perú), durante un partido clasificatorio olímpico entre las selecciones de Perú y Argentina. Un polémico arbitraje desató el caos, dejando un saldo oficial de 328 muertos y más de 500 heridos debido a una estampida
Otra es que al menos 125 personas murieron después de que estalló el caos y la violencia durante un partido de fútbol de la liga de Indonesia, cuando los seguidores del Arema FC y su rival Persebaya Surabaya, dos de los equipos de fútbol más importantes de ese país, se enfrentaron en las gradas después de que el equipo local Arema FC fuera derrotado por 3-2 en un partido en la ciudad de Malang, en el este de Java.
Una más es que 74 personas murieron en los disturbios entre seguidores de los equipos que tuvieron lugar en febrero de 2012 en el estadio de Port Said, tras el final del partido de fútbol entre Al-Ahly y Port Said en Egipto
Otro evento, del recuento de la BBC es que 125 personas murieron y cientos más resultaron heridos en una estampida en un estadio de fútbol en Ghana, el 10 de mayo de 2001.
Siguiendo con el recuento, 43 aficionados murieron en un partido de fútbol entre los dos equipos más importantes de Sudáfrica en abril de 2001. La estampida comenzó cuando una multitud trató de ingresar al estadio Ellis Park en Johannesburgo para ver el partido entre los Chiefs de Kaizer y los Pirates de Orlando.
Más cerca de México, 82 personas murieron y unas 150 resultaron heridas en un accidente en Ciudad de Guatemala justo antes de un partido de clasificación para la Copa Mundial de 1998, entre Guatemala y Costa Rica, el 16 de octubre de 1996, dijeron las autoridades. Una avalancha de aficionados derribó los asientos y un tramo de escaleras del estadio. Muchos espectadores en pánico fueron pisoteados o asfixiados en un área de asientos general del estadio, dijeron testigos.
En Rusia, en 1982, una estampida mató al menos a 66 aficionados cuando salían de una eliminatoria de la Copa de la UEFA entre el Spartak de Moscú y el HFC Haarlem holandés en el estadio Luzhniki de Moscú. Según la BBC, “los funcionarios de la antigua Unión Soviética no revelaron la tragedia durante años. Cuando lo hicieron, dieron un número oficial de muertos de 66, aunque el número de muertos podría haber llegado a 340”.
En síntesis, en el futbol se han registrado muchas tragedias, pero no por eso hay que banalizar lo ocurrido el martes, pero tampoco se vale magnificarlo, ni politizarlo.
Dice el filósofo del metro: mexicanos, uníos por el derecho a la felicidad sin violencia.






