A LA TERCERA
Por Paco Salgado
La iniciativa del senador de Morena por Nuevo León, Waldo Fernández, sobre mejorar la modalidad 40 del IMSS para utilizar recursos de la afore de las personas de la tercera edad, es de vanguardia, de las mejores propuestas que se han hecho recientemente en favor de ese sector. Es algo que debe aprobarse, para bien de millones de mexicanas y mexicanos. Sería un acto de justicia.
La seguridad social no debería ser una carrera de obstáculos donde solo llegan quienes tienen liquidez inmediata. Históricamente, la Modalidad 40 del IMSS ha sido la tabla de salvación para miles de trabajadores que buscan mejorar su pensión; sin embargo, en su diseño actual, encierra una contradicción cruel: para obtener una mejor pensión mañana, necesitas tener mucho dinero hoy.
La reciente iniciativa presentada por el Senador Waldo Fernández pone el dedo en una llaga social que el sistema de pensiones en México ha ignorado por décadas: la exclusión de los adultos mayores que, tras ser desplazados del mercado laboral por edad o salud, poseen ahorros en su AFORE pero carecen de ingresos activos para financiar su continuación voluntaria en el régimen obligatorio.
Romper el círculo vicioso de la exclusión. La propuesta es tan lógica como humana: permitir que las y los trabajadores utilicen el saldo de su cuenta individual de la AFORE para pagar las cuotas de la Modalidad 40. Actualmente, ese dinero permanece «estático» mientras el trabajador ve cómo sus posibilidades de una vejez digna se diluyen por no poder cubrir las mensualidades exigidas por el IMSS.
Este cambio legislativo atacaría tres problemas fundamentales:
1. La falta de liquidez: Elimina la barrera económica que obliga a los adultos mayores a pedir préstamos con intereses altos para pagar sus cuotas.
2. La discriminación laboral: Reconoce que el mercado de trabajo suele cerrar las puertas a los mayores de 50 años, dejándolos sin medios para cotizar en el tramo final y más importante de su vida laboral.
3. La optimización del ahorro: Permite que el recurso acumulado durante años trabaje estratégicamente para generar una renta vitalicia mayor, en lugar de ser entregado en una sola exhibición que, muchas veces, no garantiza la subsistencia a largo plazo.
Un modelo de participación ciudadana. Es digno de destacar que esta iniciativa no nace de un escritorio aislado, sino que integra la experiencia de ciudadanos como Jesús Guadalupe Sierra Benavides.
Esta colaboración entre el legislador y la realidad de a pie es lo que dota a la propuesta de una legitimidad especial. No estamos hablando de cifras macroeconómicas frías, sino de la posibilidad real de que un abuelo o una madre de familia no caiga en la pobreza tras una vida de esfuerzo.
Hacia una justicia estructural. La reforma a la Ley del Seguro Social y a la Ley de los Sistemas de Ahorro para el Retiro propuesta por el Senador Fernández no es un regalo, es un acto de justicia distributiva. Se trata de darle al trabajador el control sobre su propio patrimonio para que este sirva a su propósito original: garantizar una vida digna.
Legislar con la dignidad al centro significa entender que el ahorro de toda una vida debe ser el puente, y no un muro, hacia un retiro tranquilo. Esperemos que el Congreso vea en esta iniciativa la oportunidad de corregir una inequidad estructural y de devolverle la esperanza a miles de mexicanos que hoy ven su retiro con incertidumbre.
VCR/FSF






