
POR FRANCISCO SALGADO, enviado
* ¡Entre danzas y tradición, Armenta baila en Tehuacán y enciende la fiesta del Mole de Caderas!
* El gobernador se sumó a la representación de la matanza del chivo y terminó cargando al caprino, ante los aplausos y las sonrisas de los asistentes
* La temporada proyecta una derrama económica superior a 100 millones de pesos, con la participación de alrededor de 12 mil cabezas de ganado caprino y más de 80 restaurantes y cocineras tradicionales
El sonido de la música regional, el movimiento de los danzantes y el aroma de una tradición centenaria parecían convocar a los antiguos guardianes de la tierra. En medio de un ambiente cargado de misticismo prehispánico, color y orgullo comunitario, Tehuacán abrió las puertas a una de sus celebraciones más entrañables: la Temporada del Mole de Caderas 2026.
Pero esta vez, entre los protagonistas de la fiesta no solamente estuvieron los danzantes, los cocineros tradicionales y los hombres y mujeres que mantienen viva la herencia de sus antepasados. También apareció un invitado que se ganó el entusiasmo de la multitud: el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, quien decidió dejar por un momento el protocolo para compartir el escenario, el baile y la alegría con su gente.
Y vaya que lo consiguió.
Desde los primeros compases de la danza tradicional, el mandatario se incorporó a la celebración y siguió los pasos de los bailarines, acompañado por integrantes de su gabinete. Los aplausos comenzaron a multiplicarse. Las sonrisas se extendieron entre los asistentes y la ceremonia oficial adquirió el ritmo de una auténtica fiesta popular.
La escena tenía algo especial: no era solamente el gobernador presenciando una manifestación cultural, sino un mandatario dispuesto a participar en ella, a dejarse llevar por la música y a compartir el entusiasmo de quienes consideran esta tradición parte esencial de su identidad.
Uno de los momentos más intensos de la jornada llegó con la representación de la tradicional matanza del chivo, ceremonia que remite a las prácticas ganaderas y culinarias que, con el paso de las generaciones, dieron origen a uno de los platillos más emblemáticos de la gastronomía poblana.
La escenificación fue tan cuidada y convincente que, por momentos, parecía una escena real. Los movimientos, la indumentaria, la música y la solemnidad de los participantes recrearon una parte de la historia regional ante la mirada de quienes se congregaron para presenciarla.
No se trataba únicamente de un espectáculo. En cada movimiento estaba presente la memoria de las familias productoras, de los trabajadores del campo y de las cocineras que han transmitido sus conocimientos de generación en generación.
Entonces ocurrió una de las imágenes más comentadas de la jornada: Alejandro Armenta se acercó al caprino protagonista de la ceremonia, lo cargó y lo paseó ante los asistentes.
La respuesta fue inmediata. Los aplausos, las expresiones de sorpresa y las risas acompañaron al gobernador, que convirtió aquel momento en una estampa de cercanía con la población.
La escena rompió la distancia habitual entre el templete y el público. Por unos instantes, la formalidad del acto quedó en segundo plano y la celebración se convirtió en un encuentro entre el gobernante y los habitantes de Tehuacán.
La empatía también se expresa así: compartiendo la fiesta, respetando las costumbres y participando en aquello que una comunidad reconoce como suyo.
Armenta encontró en la danza y en la convivencia una manera directa de acompañar a los tehuacanenses. La gente respondió con entusiasmo, celebrando la presencia de un gobernador que no se limitó a pronunciar un discurso, sino que se sumó a la celebración.
El Mole de Caderas es mucho más que una receta. Es una expresión de la historia económica, cultural y gastronómica de la región de Tehuacán, vinculada a la crianza de ganado caprino, al aprovechamiento de los recursos naturales y a los saberes culinarios que sobreviven gracias a las comunidades.
Su preparación tradicional, con carne de chivo y una combinación característica de chiles, guajes y otros ingredientes, ofrece una experiencia que atrae cada año a comensales de distintos puntos de México y del extranjero.
Desde 2010, esta tradición cuenta con el reconocimiento de patrimonio cultural intangible de Puebla, una distinción que refuerza la responsabilidad de conservarla y transmitirla a las nuevas generaciones.
Durante la inauguración, Alejandro Armenta destacó que estas expresiones deben promoverse de manera permanente, no solamente durante las semanas en que el platillo ocupa un lugar privilegiado en los restaurantes, sino como parte de una estrategia que mantenga viva la identidad poblana y genere oportunidades económicas.
El mandatario también subrayó la importancia estratégica de Tehuacán por su historia, su gastronomía y su conectividad con Oaxaca y Veracruz, características que lo convierten en un punto relevante para impulsar el turismo regional y fortalecer los vínculos con el sur-sureste del país.
Detrás de cada cazuela de Mole de Caderas existe una extensa cadena productiva. La temporada beneficia a ganaderos, agricultores, comerciantes, transportistas, restaurantes, cocineras tradicionales, hoteles y prestadores de servicios turísticos.
Durante el acto inaugural, la secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural, Ana Laura Altamirano, informó que Puebla ocupa el tercer lugar nacional en producción de carne caprina, con más de 4 mil toneladas, equivalentes al 10 por ciento de la producción del país, y un valor superior a los 400 millones de pesos.
Tehuacán destaca como el principal productor de carne de cabra del estado, con más de 291 toneladas y un valor superior a los 28 millones de pesos.
Las cifras de la temporada muestran la dimensión de esta celebración: se contempla la participación de alrededor de **12 mil cabezas de ganado caprino**, una derrama económica superior a **100 millones de pesos** y la colaboración de **más de 80 restaurantes y cocineras tradicionales**.
No son números menores para una región donde la gastronomía constituye una oportunidad para dinamizar la economía local, fortalecer los pequeños negocios y generar ingresos para numerosas familias.
La funcionaria también destacó el crecimiento del valor de la producción agropecuaria poblana, que pasó de 64 mil millones de pesos en 2024 a 84 mil millones en 2026, de acuerdo con las cifras presentadas durante el evento.
A ello se suma el impulso a una sala de corte con capacidad para procesar 3 mil cabezas, equivalente a 45 mil kilogramos de carne o 7 mil 200 kilogramos de carne de chito, así como la vinculación directa entre productores caprinos y la industria restaurantera.
El objetivo es que la tradición no solamente atraiga visitantes, sino que fortalezca las oportunidades de quienes trabajan desde el campo hasta la mesa.
La administración estatal busca ampliar el alcance de estas celebraciones mediante una estrategia que integra patrimonio, gastronomía, infraestructura, conectividad y experiencias comunitarias.
En ese contexto, Armenta destacó los avances en conectividad aérea de Puebla, la preparación del pasaporte turístico 2027 y la promoción de los pueblos mágicos como herramientas para atraer visitantes, prolongar sus estancias y ampliar el gasto turístico en las comunidades.
Al concluir la ceremonia, quedó la imagen de una jornada en la que la cultura, la gastronomía y la convivencia ocuparon el centro de la escena.
Alejandro Armenta bailó con los danzantes, acompañó la representación de la matanza y terminó cargando al caprino ante el júbilo de los tehuacanenses. Fueron momentos que aportaron espontaneidad a un acto institucional y mostraron la fuerza de las tradiciones cuando quienes las representan se involucran en ellas.
La temporada apenas comienza, pero Tehuacán ya puso sobre la mesa sus mejores argumentos: historia, sabor, identidad y hospitalidad.
En cada plato se encuentra el trabajo de los productores; en cada danza, la memoria de los antepasados; y en cada visitante, una posibilidad de desarrollo para las familias de la región.
Porque el Mole de Caderas no se disfruta solamente con el paladar. Se vive con los sentidos, se reconoce en la historia y se celebra en comunidad.
Y este 22 de octubre, entre música, flores de cempasúchil, danzas y aplausos, Tehuacán demostró que sus tradiciones siguen teniendo la capacidad de reunir a un pueblo y contagiar su alegría.
**La fiesta está servida. El Mole de Caderas vuelve a la mesa y Puebla invita a México y al mundo a saborear una de sus más profundas expresiones de identidad.**
www.vocero.com.mx
pacosalgado@gmail.com
















