Luis Alberto García / Cdmx
*Hay dos templos operísticos en el corazón selvático.
*En la floresta brasileña, hoy esos teatros son Patrimonio de la Humanidad
*El Amazonas de Manaus y de la Paz de Belém están en la jungla.
*Construidos a finales del siglo XIX, figuran en la lista de la UNESCO.
Un extenso viaje de trabajo para escribir una serie de reportajes encargados por la revista Impacto de la ciudad de México, nos llevó a recorrer hace un cuarto de siglo una parte de la inacabable selva tropical más grande del mundo, que no sólo esconde tesoros naturales.
Nadie imaginó jamás que en 2026, casi tres décadas después de haber emprendido aquellas jornadas increíbles a fines del siglo XX, la Organización de las Naciones para la Ciencia y la Cultura (UNESCO) decidiría incluir en la lista de su Patrimonio Mundial a los dos teatros que entonces conocimos, los más famosos de la Amazonia brasileña.
En 1999 visitamos los teatros Amazonas de Manaus y de la Paz de Belém do Pará, levantados a finales del siglo XIX, cuando la región fue invadida por los dueños de las riquezas y los capitales expansivos de esa época, generando un auge que pasó a formar parte de uno de los grandes ciclos económicos de Brasil.
El comité de esa entidad de la ONU, reunido en Busan, Corea del Sur, destacó que los dos teatros son un perfecto testimonio de la “Edad de Oro” que vivió la región amazónica gracias a la fiebre del caucho, antecedida en otras regiones de la inmensidad brasileña por las del café, el oro, el azúcar y los diamantes.
Y es que estos teatros son la fotografía de un momento sin igual, nunca antes visto, que fue una genuina y auténtica locura desatada por la savia blanca del árbol conocido científicamente como Hevea brasiliensis.
Mientras las fábricas de Europa -especialmente en Inglaterra- escupían el humo de la Revolución Industrial, la Amazonia tuvo el monopolio mundial de la producción de caucho que, como resultado, esa élite ambiciosa volteaba la mirada al viejo continente y copiaba la arquitectura, además de la ropa y la moda.
Ambos teatros fueron el símbolo máximo de esa riqueza incalculable, dado que los nuevos ricos anteriores y gozadores de la Belle Époque necesitaban un patio de recreo a la altura, como el Charles Garnier de la ópera de París o la Scala de Milán.
Ahora, más de un siglo y medio después, y tras un larguísimo periodo de abandono, los dos se encuentran en actividad y están administrados ´por recursos gubernamentales, como lo explicó Elisa Taveira
Una funcionaria, directora del Instituto del Patrimonio Histórico Nacional (IPHAN) con sede en el teatro Amazonas de Manaus, al norte de Brasil, señala que ambos representan un proyecto de modernización, y ahora sirven para explicar al mundo que, más allá de la naturaleza la Amazonia, también es un territorio de cultura y de diversidad.
EI IPHAN es el organismo estatal que desde 2023 coordinó los esfuerzos para lograr para Brasil el altísimamente valorado título cultural de la UNESCO.
El teatro de la Paz de Belém es el más antiguo, construido en1878 con un diseño neoclásico que se inspiró en la Scala de Milán y aún conserva las butacas originales: el terciopelo rojo, poco apto para el calor tropical, dio paso aquí a las sillas de tijera.
La arquitectura y acabados europeos se entremezclan con guiños a la cultura local, y en el techo de la sala principal, los dioses del Olimpo comparten espacio con indígenas, además de la diosa Diana, arco y flecha en mano, que apunta a un jaguar agazapado en la selva.
Desde Belém, subiendo el río Amazonas a contracorriente, después de mil 600 kilómetros de navegar en buque de vapor se llega a Manaus, la otra gran ciudad de la selva, hoy considerada punto estratégico y de enorme relevancia en Latinoamérica.
Navegar el río más caudaloso del mundo aún supone una aventura fantástica: se tarda alrededor de una semana desde la desembocadura en el Océano Atlántico hasta Manaus; pero no es nada comparado con la audacia que requirió levantar en un lugar selváticamente indómito de Brasil dos templos para la ópera.
Uno de ellos se hizo con los mejores materiales llegados desde Europa y Asia, al otro lado del mundo, y excepto las maderas, prácticamente todo era importado, como lo describe Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina (México, Siglo XXI Editores, 1971):
“Los magnates del caucho -que encendían sus cigarros con billetes de mil contos de reis- levantaron ahí sus mansiones de arquitectura extravagante y plenas de maderas preciosas, mayólicas de Portugal, columnas de mármol de carrara y muebles de ebanistería francesa”.
Al referirse al teatro Amazonas, el escritor uruguayo destacó que éste era un monumento barroco de bastante mal gusto, “símbolo mayor del vértigo de aquellas fortunas de los inicios del siglo XX”, y como anécdota, narra que el tenor Enrico Caruso cantó para los habitantes de Manaus la noche de la inauguración a cambio de una suma fabulosa luego de remontar el río a través de la selva.
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octubre 22, 2026
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ALGO PARA RECORDAR / Enrico Caruso tuvo estreno en la capital del Amazonas
Por Vocero
Luis Alberto García / Cdmx *Hay dos templos operísticos en el corazón selvático. *En la floresta brasileña, hoy esos teatros son Patrimonio de la Humanidad *El Amazonas de Manaus y de la Paz de Belém están en la jungla. *Construidos a finales del siglo XIX, figuran en la lista de la UNESCO. Un... Más [+]...











