Ahora, además de acceder a lo público, hay instrumentos para conocer lo que se habla en la sobremesa, sea en la cocina del hogar y con más razón en la de las loncherías y restaurantes de postín. Lo cierto es que la doctora Sheinbaum Pardo no la tiene fácil, por ello y después de lo publicado en El País del último 29 de septiembre, la titular del Ejecutivo sostuvo: “Él dijo que iba a retirarse de la política para escribir libros, pero todo libro es político. Por eso yo siempre sostengo que no es que necesariamente se haya retirado de la política, se retiró de la vida pública y del actuar político cotidiano, pero se está dedicando a reflexionar y escribir que también es una forma distinta de hacer política”.
El corolario para mostrar quien realmente es Sheinbaum Pardo, lo da su papel sanitario Jenaro Villamil: ““Les sale odio por el páncreas”, afirma la presidenta @Claudiashein al comentar las reacciones frente al video de @lopezobrador_ y reflexiona sobre las palabras y la intervención de los ex presidentes Fox y Calderón”.
Se precipitan. Si ya habían gestionado un editorial en la edición de El País del 29 de septiembre, donde ese medio informativo sostiene: “Sheinbaum llega a su tercer año de mandato con una fortaleza política indiscutible y con un perfil presidencial más definido. Ha demostrado capacidad para administrar crisis y ejercer el poder con prudencia, disciplina, y resistencia a dejarse arrastrar por la estridencia. Pero esa solidez política convive con problemas sin una respuesta suficiente: la violencia marca la vida de amplias zonas del país, el crecimiento económico es débil y las diferencias con algunos miembros de su partido y gobernadores bajo la mira de Estados Unidos por supuestos vínculos con el narcotráfico plantean interrogantes para los años venideros. Son desafíos de importancia cuando ella dispone de un enorme capital político y de una mayoría que le permite impulsar transformaciones profundas”.
¿Qué indican las cifras macroeconómicas, las de los monederos de las amas de casa, las de los que se truenan los dedos esperando los depósitos en los plásticos del bienestar, las de los familiares de los desaparecidos o las de los bolsillos de quienes no tienen de otra que, alegremente, convertirse en sicarios? ¿Qué nos susurran al oído la exoneración de Francisco Garduño, la impunidad de Rubén Rocha, la inteligencia administrativa de Zoé Robledo?














