Aletia Molina
Hoy Estados Unidos va a las urnas y medio México ya tiene el cohete listo, convencido de que si Trump pierde, los aranceles se esfuman como por arte de magia. Qué ternura.
Los datos del vecino: se disputan los 435 escaños de la Cámara y 35 de los 100 del Senado, y el presidente, que ni está en la boleta, enfrentará igual el juicio del electorado. Las encuestas le auguraban un mal día, con cerca de 90% de probabilidades de que los demócratas recuperen la Cámara y más de 70% en el Senado, en un país preocupado por el costo de vida y crítico de su gestión. Y aun así, ojo: son probabilidades, no resultados.
Ahora, la parte que no se menciona en las mañaneras. Hasta Marcelo Ebrard, que no es precisamente un aguafiestas, tuvo que admitir que ni un triunfo demócrata garantiza el fin de los aranceles. Trump gobierna por decreto, no por Congreso. Un Capitolio hostil le complica la vida a él, no a su política arancelaria. Celebrar su derrota como si fuera victoria mexicana es confundir el chisme con la estrategia.
Y la estrategia, hay que decirlo, ha consistido en esperar. La presidenta buscó cerrar un acuerdo antes de la elección y concluyó con mucha calma que el propio Trump también está en campaña. Es decir: México condicionó meses de negociación al calendario electoral de otro país. Cuando tu agenda depende del humor de un candidato ajeno, no estás negociando, estás pidiendo turno.
Y el turno puede no llegar pronto. Un exnegociador estadounidense ya avisó que pasada la elección, el T-MEC puede dejar de ser prioridad para Trump. Tras tanto “vamos avanzando” y tantos “muchos avances sin acuerdo”, el tratado podría quedar archivado entre un viaje y un posteo. Mientras, el sector productivo, que no vive de comunicados, sigue sin saber a qué atenerse.
Porque también se pidió, con fe de carbonero, que el clima político de EU no influya en la revisión del T-MEC. Pedirle a Washington que separe comercio de política interna es como pedirle a la lluvia que respete el calendario de la boda. Un gobierno que presume realismo debería asumir que cada negociación con Estados Unidos es campaña, gane quien gane.
El contrapunto, en justicia: en Palacio Nacional dirán que el diálogo constante con Washington ha evitado escaladas peores y que los avances en la revisión del T-MEC son reales. Y los defensores de Trump sostendrán que los aranceles son una palanca legítima para proteger empleo industrial y presionar en seguridad y migración, y que perder escaños en una intermedia es lo habitual, no un rechazo definitivo. Tienen un punto: el Senado sigue abierto y conviene esperar el conteo antes de dictar sentencia.
Pero incluso concediéndoles todo eso, lo grave no es que Trump sea impredecible. Lo grave es que México se haya acostumbrado a depender de esa imprevisibilidad: un solo socio comercial, una sola puerta de salida y la esperanza de que alguien más cambie las reglas. Hoy el Congreso estadounidense puede cambiar de rostro, pero mañana México amanece con la misma factura pendiente: diversificar, dar certeza a quien invierte y dejar de leer encuestas ajenas como si fueran políticas propias.
Que nadie confunda observar con gobernar.
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noviembre 3, 2026
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DesdeLaBarrera / Trump, las urnas y la diplomacia de cruzar los dedos
Por Vocero
Aletia Molina Hoy Estados Unidos va a las urnas y medio México ya tiene el cohete listo, convencido de que si Trump pierde, los aranceles se esfuman como por arte de magia. Qué ternura. Los datos del vecino: se disputan los 435 escaños de la Cámara y 35 de los 100 del Senado, y el... Más [+]...

















