
• Kanek Zacarías recordó que las libertades de las que hoy disfrutan los jóvenes son fruto de movimientos como el del 68, y que la realidad actual, muy difícil en varios aspectos, merece la participación activa y creativa de ellos, a fin de construir un mejor porvenir
Los jóvenes de Tláhuac y del país en general, son quienes habrán de conducir los destinos de la nación, pero mientras tanto, ya son símbolo de participación activa en los problemas y soluciones de su comunidad, además de significar la chispa y energía de los movimientos sociales debido a que, sobre todas las cosas, son actores del cambio, señaló Kanek Zacarías, dirigente comunitario y promotor de la Cultura de La Paz.
Al participar en el foro «Del 68 a los desaparecidos de hoy», el luchador social se refirió al día a día que viven estos protagonistas del cambio, debido a que el estudiar no les garantiza que vayan a tener un empleo digno o que accedan a una mejor condición económica, debido a que «lamentablemente se ha perdido el objetivo del crecimiento y del acompañamiento para el valor máximo y la mayor riqueza de un pueblo: los niños y los jóvenes».
Si bien en 1968 los estudiantes se enfrentaron a un Estado represor, actualmente las nuevas generaciones viven una realidad que se agrava por la crisis de inseguridad, por lo que advirtió sobre la necesidad de evitar que los jóvenes sean vistos únicamente como mano de obra y reivindicó su papel como actores fundamentales en la construcción del futuro del país.
Durante su participación en el foro, celebrado en el auditorio –repleto de jóvenes estudiantes– del Instituto Tecnológico Tláhuac II, en el marco de las actividades conmemorativas por el 2 de Octubre de 1968, Kanek Zacarías se refirió a esa fecha significativa que ha quedado plasmada en la historia de México.
«Los lamentables hechos del 2 de Octubre (No se olvida) quedaron marcados como huella imborrable en la memoria colectiva de México, de ahí la importancia de que los jóvenes tengan presente esa fecha, debido a que las libertades de hoy son fruto de movimientos como el del 68, y que la realidad actual, muy difícil en varios aspectos, merece la participación activa y creativa de ellos, para construir un mejor porvenir con dignidad, justicia, seguridad, desarrollo y paz», expresó.
Hay que hacer el «cambio de chip»: Hugo Andres Flores
En su oportunidad, Hugo Andres Flores, joven dirigente en la Ciudad de México, exhortó a los jóvenes a hacer el «cambio de chip» correspondiente para que se conviertan en Constructores de Paz desde sus casas y en las aulas, y sobre todo desde su círculo de amigos.
El joven político cuya agenda se ha enfocado en la construcción de paz, destacó la necesidad de que las nuevas generaciones se incorporen como sujetos activos en la transformación de una realidad de inseguridad que vive el país. «La construcción de paz requiere de la participación de los jóvenes y de espacios en los que puedan expresar sus preocupaciones, formular propuestas e involucrarse directamente en los asuntos de sus comunidades», apuntó.
Lo del 68, un proceso con distintas expresiones de movilización social
Por su parte, el doctor e investigador en Ciencias Sociales, Edgar Emilio Pereyra Ramírez señaló que el movimiento estudiantil de 1968 no puede entenderse como un acontecimiento aislado, sino como parte de un proceso precedido por distintas expresiones de movilización social, entre ellas las luchas de los ferrocarrileros y el movimiento de los médicos, en un contexto caracterizado por la hegemonía del PRI y por la forma en que operaba el sistema político mexicano.
Pereyra destacó que la participación y la lucha estudiantil continúan siendo necesarias para que las nuevas generaciones se hagan visibles en la vida pública. Al dirigirse a los estudiantes, los llamó también a analizar críticamente las etiquetas utilizadas para desacreditar distintas expresiones de protesta social, como ha sido el caso de las «vándalas», término con el que suele atribuirse a mujeres feministas durante las manifestaciones.
En tanto que Luis Tovar, secretario general de la FUDEMAH AC, vinculó la memoria del movimiento estudiantil de 1968 con el caso Ayotzinapa y sostuvo que, aun cuando exista voluntad institucional para avanzar hacia el esclarecimiento de los hechos, eso no elimina la responsabilidad del Estado. Por ello, debe mantenerse la exigencia para que éste asuma y atienda su responsabilidad histórica en la búsqueda de verdad y justicia.
Consideró que la disposición de los estudiantes para participar en un espacio de reflexión sobre memoria, desapariciones, violencia y derechos humanos es significativa, por el sólo hecho de que existan jóvenes interesados en discutir estos problemas, lo cual constituye una expresión de participación que debe ser reconocida.
Educación, el cambio verdadero
Estudiantes del Instituto Tecnológico de Tláhuac II respondieron con entusiasmo a los planteamientos de los ponentes y, entre otros puntos de vista, hicieron el comparativo de los sucesos del Movimiento Estudiantil del 68 con la realidad que actualmente enfrentan.
«Tenemos que luchar por lo que queremos y no quedarnos sentados nada más esperando. Debemos defender nuestros valores», dijo una estudiante.
«La educación es el cambio verdadero para el país, y no sólo para el nuestro, sino para cualquier cualquier sociedad», subrayó otro alumno.
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