Rajak B. Kadjieff / Moscú
*Temor de Alejandro III de Rusia a la democracia occidental.
*Había que fomentar la Doctrina de la Contrarreforma.
*La Carta de Konstantin Pobedonóstsev.
*Para el mentor ideológico del zar era “la gran mentira”.
*Miedo al colapso y al desmembramiento político.
El regicidio de Alejandro II impacto en Alejandro III, quien lejos de ver ese asesinato como una señal de que debían profundizarse las reformas democráticas, su hijo y sucesor interpretó exactamente lo contrario.
Para él, la apertura política y las flexibilizaciones de su padre habían debilitado a la autocracia y envalentonado a los terroristas.
Alejandro III asumió el trono con un miedo visceral a que cualquier concesión liberal abriera la puerta al caos y a la destrucción del Estado ruso. Su lema principal era la autocracia, la ortodoxia y la nacionalidad.
Alejandro III estaba profundamente convencido de que las monarquías parlamentarias europeas -como el modelo británico- eran totalmente inadecuadas e incluso perniciosas para Rusia.
Su principal mentor ideológico, Konstantín Pobedonóstsev -procurador del Santo Sínodo-, le hizo decretar la Doctrina de la Contrarreforma, que fomentaba la idea de que el parlamentarismo era “la gran mentira” de esos tiempos.
Alejandro III temía que si introducía constituciones o parlamentos -la Duma-, Rusia, un imperio vasto, multiétnico y mayoritariamente campesino se desmembraría en facciones políticas y étnicas.
Creía que solo un poder centralizado, fuerte y de origen divino era el “cemento” que mantenía unido al imperio, de modo que la política de Alejandro III era la autocracia blindada, y en lugar de continuar las reformas democráticas, el zar implementó una política de represión para blindar el trono:
Lo primero que instrumentó fue el fortalecimiento policial, al ampliar los poderes de la policía secreta, la Okhrana, para erradicar cualquier síntoma de oposición y sus células subversivas, recurriendo además a una rusificación forzosa que imponía la lengua rusa y la religión ortodoxa en todo el imperio para evitar tentaciones separatistas.
A esos factores autoritarios se sumó el control de la educación al restringir el acceso a la universidad para las clases pobres, por temor a que la educación superior fuera un fermento de radicales, legado que dejó a su hijo Nicolás II.
El verdadero problema del nuevo zar no fue solamente su falta de carácter, sino la pesada herencia de su padre, Alejandro III, quien dejó un sistema anclado en el siglo XIX que se negaba a dialogar con los tiempos modernos.
Cuando Nicolás II heredó el trono en 1894, intentó mantener exactamente la misma fórmula: rigidez autocrática que su padre defendía por miedo, lo que terminó estrellándose violentamente con una sociedad industrializada y politizada que ya no cabía en el molde absolutista, hasta que, inexorable e irremediablemente, estalló la Revolución bolchevique de 1917.
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noviembre 4, 2026
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Rechazo zarista a la monarquía parlamentaria
Por Vocero
Rajak B. Kadjieff / Moscú *Temor de Alejandro III de Rusia a la democracia occidental. *Había que fomentar la Doctrina de la Contrarreforma. *La Carta de Konstantin Pobedonóstsev. *Para el mentor ideológico del zar era “la gran mentira”. *Miedo al colapso y al desmembramiento político. El regicidio de Alejandro II impacto en Alejandro... Más [+]...














