Por Israel Mendoza Pérez
@imendozape
El ruido infiltrado por parte del PT, a la coalición en el poder, escandaliza en Sonora. Ahora, son los amagos del dirigente petista, Alberto Anaya, los encargados de amenazar con averiar la maquinaria electoral y mantener la narrativa de la intriga sobre el bloque de la cuatroté. Aunque es poca la efectividad del PT para descarrilar una elección, el golpe mediático y acrecentar la versión de ruptura obliga a la dirigente nacional, Ariadna Montiel a voltear a ver la nueva amenaza.
Ahora, en el noroeste del país, Alberto Anaya está dispuesto a utilizar los nombres de Javier Lamarque y Celida López para explorar la viabilidad de ir en solitario por la gubernatura de Sonora, en 2027, y enfrentar a la coordinadora de la defensa de la 4-T, Lorenia Valles. El PT aprovecha el momento de complejidad al interior de la alianza con Morena para meter hilo y sacar hebra. Más que una estrategia, el partido de Anaya busca de manera alterna la posibilidad de negociar la falta de coordinadores de la defensa de la cuatroté, bajo las siglas del partido de la estrella amarilla. El primer asalto lo consiguió en Michoacán, al cargar en hombros a Raúl Morón y nombrarlo coordinador estatal.
Sin embargo, las señales de alerta se encienden. Alberto Anaya, Tatiana Clouthier, los derrotados Javier Lamarque y Celida López comienzan a gestar una disidencia, de bajo perfil, pero aspiraciones elevadas. Apuestan a la amenaza mediática y a la declaración estridente. Asegurar un espacio para 2027 y mantener en su discurso la fidelidad al movimiento de la cuatroté, pero con la consigna de que no están de acuerdo con la designación. Es una manera sutil de presión tóxica.
Alberto Anaya es un personaje institucional, incapaz de dislocar los intereses político-electorales de Morena. La verticalidad en la dirigencia del PT por más de dos décadas, su inamovible presencia en los primeros lugares para ser plurinominal, ganar afectos de personajes con poder económico como el empresario y político, Jaime Bonilla, evitan que sus aspiraciones se disparen. Se calma y vuelve a negociar. Es el eterno dirigente dispuesto al acuerdo de subterfugios.
La imagen de un distanciamiento con Morena, le abre las posibilidades de volverse atractivo con los disidentes Javier Lamarque y Celida López. A lo largo de los años, Anaya se apoderó de la marca de la cuatroté, primero con el llamado “proyecto alternativo de nación” en 2006 cuando Andrés Manuel López Obrador compitió por la presidencia de la República. Esa fue la primera mutación. Posteriormente como Movimiento de Regeneración Nacional. En este periodo, reciente, se autonombra como el partido que encarna la Cuarta Transformación, a través de spots.
Anaya ya se encuentra en tránsito de asumir costos y el reto de enfrentar a Morena en 2027. Hay cuadros inconformes, hay personalidades listas a enfrentar a su adversario. La reciente declaración de admitir que: «no hay voluntad para ir hacia una coalición total» es más que una señal. Es la opción de apostarle a su partido aunque sea una rebeldía efímera.
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